Percatación pies
La percatación desde la planta de los pies, mayo de
2008
Hace rato que procuro llegar
una calle, pero cada vez estoy más lejos y sin dinero. Es desesperante. Aunque
me salva una idea: ¡Lo importante es sentir cómo la planta de los pies toca el
suelo al caminar! La lentitud de la atenta sucesión de mis pasos está
directamente relacionada con la velocidad de advenimiento de calma, acompañada
de Percatación. La conciencia de estado onírico me llega
cuando me acerco a una parada de colectivo.
Activador: Observación de las
sensaciones de la planta de los pies
Entre la gente que espera, hay un obrero,
voluminoso, calvo y algo entrado en años, que me observa. En un acto temerario
y tenso, lo enfrento y digo, marcando las palabras: "Estoy soñando".
Ello equivale a decirle que “no es una persona de la vigilia” (extraña noción
de mi parte), a desenmascararlo. Como en la película “They live” (Sobreviven),
de John Carpenter, mirar al extraterrestre con lentes delatores. Abre los
ojos en un súbito alerta amenazante, y de su cuerpo emana una explosión
invisible, cuya onda expansiva me levanta en el aire y estrella de espaldas contra una pared, con la que me
fundo.
Siento en la parte
alta de la espalda una corriente de vibraciones. Entonces profundizo la
práctica vipassana que ya se había insinuado al percibir la planta de los pies.
Resurge la reflexión hecha antes de acostarme, acerca de aprovechar el
asentamiento de la mente sobre un cuerpo más sutil, para reflexionar sobre “la
vacuidad de la existencia inherente”. En consecuencia, decido ponerme a
meditar. Por primera vez recuerdo la consigna de asumir directamente la
posición de loto, aprovechando que me encuentro en mi cuerpo de sueño, que no
tiene por qué compartir las limitaciones de mi cuerpo físico. Me siento, y,
estirándome las piernas con las manos, aunque no sin esfuerzo, logro adoptar
esa postura. Así me quedo, con los ojos cerrados. Me mantengo cada vez más
tranquilo, vigilando el silencio interior.
Estoy mucho tiempo en
estado de Lucidez. Con grandes resultados de calma mental. En otro momento,
cuya ubicación en la secuencia no sabría precisar, pego lentamente un golpe en
el aire, con un puño del tamaño de una pelota de fútbol, idea que se me ocurre
y realizo con un simple acto de voluntad. Después decido meditar sentado sobre
mis talones, de rodillas. Con más inmediatez y frecuencia que en la vigilia,
decidir algo y hacerlo es la misma cosa. Análogamente al caso de la posición de
loto, también aquí tengo presente que no es necesario sentir dolor en las
rodillas y, efectivamente, no lo siento. En esta otra posición me quedo mucho
tiempo, esta vez con los ojos (de sueño) abiertos, meditando. Estoy en una
habitación deshabitada. En otro momento, estoy de pie, y espontáneamente me
doblo hacia delante, pero también mantengo la posición anterior. Es que me
desdoblo. Salgo de mi cuerpo (de mi cuerpo de ensueño, o psicosoma). Me digo:
"Estoy abandonando la forma humana, como dice Castaneda" Había caído en la conciencia de sueño
ordinario, pero recupero la lucidez, simplemente como resultado de la
propiocepción. “Ya hace como dos horas que comenzó todo”, pienso.
En otro momento,
meditando muy concentrado, veo ante mí, sentado en la mesa blanca de la
habitación que da a la terraza, al “Maestro”. —Proponga alguna práctica,
Maestro —le digo, muy calmado. Es un hombre pelado, de mirada muy despierta,
que aparenta tener unos 50 años. Y entonces, llama mi atención un hecho: A mi
derecha está la persiana que da a la terraza, no del todo cerrada, con
intersticios bastante grandes entre sus tablas. En la habitación hay mucha luz,
pero fuera está absolutamente oscuro. Me doy cuenta de mi indefensión frente a
un posible ataque desde la ventana. Y se me ocurre la posibilidad que del otro
lado haya una presencia maligna. Me recorre la espalda con creciente intensidad
un escalofrío. "No será el miedo lo que me detenga", pienso. La
sensación adquiere una potencia inusitada. La vibración, cuyas inéditas
magnitudes incluyen un calor intenso, crece, y llega a un punto en el que
mi columna se sacude. Se me presenta la imagen ósea de mi espina dorsal
estremeciéndose, y de mi cráneo, como vista con un aparato de rayos equis. Esto
ya me resulta demasiado y despierto, con la
respiración agitada por el miedo, pero
sin sentirlo ya.
Desactivador:
miedo
Destacados:
1) El
despertar respecto del “problema”, que viene acompañado de un aumento de
conciencia, vinculado directamente a la decisión de sentir (o atender
ecuánimemente al sentir) que, en el caso de los sueños, tiene a
convertirlos en lúcidos y, en el caso de la vigilia, tiende a develar también
su carácter onírico o ilusorio.
2) El
asombro y a explosión de energía con que me responde el obrero, que me indica
que se trataba de una conciencia diferente a la mía, con base física o no.
3) El
desdoblamiento a partir del cuerpo astral, que experimenté también en otras
ocasiones, sobre las que recuerdo, a diferencia de esta vez, haber regresado
instantáneamente a la posición de partida antes de volver a mi cuerpo físico.
4) La
naturalidad con la que me dirijo al “Maestro”, indicadora de que hace tiempo
que lo conozco y de que, estando fuera de mi cuerpo físico, recuerdo eso muy
bien.
5) La
percepción específica y precisa de una parte de mi cuerpo, en este caso mi
estructura ósea en la columna y el cráneo, lo cual me ocurrió luego con frecuencia
en experiencias de ayahuasca. Puede ser que lo percibido correspondiera a mi
cuerpo astral o psicosoma, que tiene correspondencia con el estado del cuerpo
físico.
6) La
necesidad de superar el miedo y las ideas de ataque y defensa, para poder
permanecer en estados de calma y lucidez.

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