Adios, despierto

Adiós, me voy a despertar

—¿Qué hace esta persona acá? —me pregunto, y me Percato.
Activador: Aparición inesperada de una persona
Me tomo unos segundos para decidirme a “soltar” la historia, el marco argumental, en el que me encontraba. Es como si me despidiera internamente de los episodios que estaba viviendo y los personajes con los que interactuaba. A uno le digo que me disculpe, pero estoy en sueño lúcido. Junto mis manos, acercando las puntas de los dedos,  para ver si se superponen. Lo hacen. Por un instante me asalta la idea de que puedo manejar eso. Que si hubiera querido tener más firme consistencia en las manos, éstas no se hubieran superpuesto.
Intento, como en el sueño “Recuerdo multiplicarme yo” que la estructura de mis manos superpuestas se multiplique hacia delante y obtengo el mismo positivo resultado. A continuación, intento la consigna de multiplicarme yo. Pasamos a ser dos, caminando hacia delante, en dirección a una puerta. La vivencia no es completa: en alguna medida experimento ser dos, pero por momentos siento que soy uno, acompañado por otro como yo.
Mientras tanto refuerzo la percepción, repitiéndome: "Somos dos caminando hacia la puerta". Ahora decido ejecutar la forma de Kung Fu, algo que no hago en sueño lúcido desde hace un año. Me sale mucho mejor que entonces, acorde con mi  nivel de ejecución actual de la forma en la vigilia. No tengo lugar para la segunda patada, se interpone una pared. Sin embargo, prosigo, haciendo caso omiso de ella, pues siento que depende de mí que la ésta me obstruya o yo pueda atravesarla. Intento hallar en mí la serenidad y concentración necesarias para que la última patada consiga atravesar la pared, pero ésta logra ofrecerme cierta resistencia que me hace perder velocidad.
Se me ocurre realizar algún ejercicio de Tensegridad. El primero que me viene a la mente es de la Serie para Ensoñar, denominado “Inducir al punto de encaje a que caiga, sacando energía de las suprarrenales y transfiriéndola hacia adelante”. Lo hago. Luego recuerdo una de las consignas de Tenzin Wangyal Rimpoche, consistente en modificar la forma del propio cuerpo. Intento que mis piernas se acorten. El resultado es que mis pies son del tamaño habitual, pero mis piernas tienen tan sólo unos pocos centímetros. Avanzo de ese modo, cerca del suelo, en el mismo departamento en el que me encontraba antes de percatarme. Intento que mis piernas se alarguen, para ser muy alto, pero, aunque me esfuerzo, no lo logro. Mientras tanto, advierto que estoy en otra parte.
Hay alguien golpeado. Sabiendo que estoy soñando le impongo las manos en el rostro, dejándolo curado. Desaparecen las heridas, marcas y sangre, pero le queda un rostro ridículamente hinchado. En otro momento, en el que estoy con un grupo de gente, salgo corriendo y me decido a volar por la calle empedrada. Es de noche. Viene hacia mí un camión de hierro rojo. En la cabina se ven dos conductores. Intento seguir como si nada. Que pueda atravesarlo dependerá de mi estado interno, de superar el miedo. Tras el encontronazo quedo casi detenido, algo golpeado. Pero reflexiono que es bastante bueno haber sobrevivido. Veo a lo lejos acercarse un tractor, también. Eso ya es demasiado. Sigo caminando, mientras pienso qué nuevas pruebas realizar. “No debo apurarme”, me digo. Ya hice mucho. Debería ir despacio.
Voy por la calle disfrutando de la caminata. Es una marcha energizante.  Se me ocurre que podría buscar exploradores (Concepto de Castaneda: objetos especiales que, si los seguimos, nos conducen a otros mundos). Veo en el piso una piedrita negra. Le voy acerando las manos, en posición de estar tomando una imaginaria esfera cuyo centro estuviera en la piedra, y que se estuviera achicando. Al hacer eso, de algún modo determino la disminución del tamaño de la piedra. Finalmente, la tomo. Está rodeada de una sustancia blanca, espumosa. Siento que tanto puede tratarse de un explorador como de una enfermedad. Cautelosamente, tras trabajarla un rato como si se tratara de macilla, la suelto.  Despierto. Un despertar de sueño lúcido a sueño ordinario.
Desactivador: agotamiento de la energía
Estoy con amigos. —Tuve un sueño lúcido increíble, aquí mismo—les digo. Según el tiempo de ellos, había transcurrido apenas un instante, según el mío, mucho. 
Despierto a la vida de vigilia.




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