¿Cómo llegué?
¿Cómo llegué acá?
enero de 2005
Estoy en mi casa. Es lunes.
¿Cómo es posible, si me iba a quedar en el ashram hasta el miércoles?
Activador: Reconocimiento
del Signo de Sueño: Desconocimiento de la forma en que llegué a la situación
actual.
Mientras me percato, la
realidad va cambiando: un punto que se encuentra delante de mí comienza a
girar. El entorno se transforma, con epicentro en el giro, y tengo la
sensación de pasar al otro lado de un túnel situado en el extremo del
vórtice. Estoy en el pasillo-patio cubierto, que ahora tiene unas
columnas que llegan al techo, donde me encuentro yo. Están hechas de luz.
Desciendo suavemente entre ambas. Despierto.
Desactivador: Inadvertido
Ese mismo día,
en una conversación sostenida con un amigo en un Ashram, le había comentado
la idea de realizar una Práctica de Vigilia consistente en plantearse la
pregunta de por qué uno se encuentra en tal circunstancia, para ver si se
dispone de los antecedentes históricos inmediatos. Si gracias a este entrenamiento,
en algún momento de un sueño me formulaba a conciencia esta pregunta, era
probable que no poseyese una respuesta satisfactoria y, en consecuencia,
sobreviniese la pregunta por la Condición de Conciencia, como había ocurrido
en este caso. Aquí también apreciaría, al igual que con los Signos de Sueño
(SS) y las Situaciones oníricas Recurrentes (SOR), cómo un mecanismo
facilitador del sueño lúcido surtía efecto la primera vez, y luego su
eficacia se atenuaba de manera asintótica. Y sí, la Atenuación de la Eficacia
lo invadía todo. Quizás ello fuera bueno, pues obligaba a inventar técnicas
todo el tiempo, es decir, mantenerse en un estado de conciencia creativo.
Ésta era
la primera vez que experimentaba la turbulencia. No pude evitar relacionar
esta sensación con la apertura de compuertas, por las que pasase la energía.
Era evidente que en este sueño accedía a algo nuevo. A partir de este
momento, muchas veces me encontraría con que esta sensación de pasaje por una
compuerta precedía a un cambio de estado de conciencia.
Recordar consignas era valioso, pues me las planteaba por lo general en
vigilia, y cuando en sueño lúcido les hacía lugar, obedecía a esos
propósitos, lo que me acercaba a mi yo de vigilia y permitía que, en alguna
medida, le prestase mi cuerpo y ámbito de sueño para que explorase mi
territorio onírico. ¡Metía cuña en el sueño!
¡La mente de todos los días surgía en el mundo de los sueños! Podía espiar.
Ya no me limitaba a recordar fragmentos de sueños finalizados. Ahora eran
interactivos. Ciertamente muchos marcos argumentales desaparecían al cobrar
yo lucidez, pero, tras pagar ese precio, todavía quedaba un mundo, en el que
tenía más poder de decisión. Claro que podía preguntarme: ¿Quién era
el que tenía más poder de decisión? Pues cuando recordaba un sueño ordinario,
recordaba haber tenido una vida allí, sufrido, gozado, y decidido
cursos de acción, pero después, al despertar, era otro. Me decía, por
ejemplo: “¿Por qué me preocupó tanto no haberme recibido, si ya me
recibí?”, “¡Qué lástima no haber sabido disfrutar del paisaje lunar por temer
que se rompiera la escafandra!”, etc., Para poder hacer todo eso hubiera sido
necesario saber (que se trataba de un sueño).
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