Reacomodar la mano
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Reacomodar la mano, diciembre de 2010
Vengo en taxi. Tomamos por
una calle que da a una vía. Parece que no hay salida. Un hombre calvo se
aproxima caminando, en actitud amenazante. El taxista retrocede una cuadra, dobla
a la derecha y retrocede dos cuadras más. Es de noche. La segunda bocacalle
la pasó sin aminorar la marcha ni mirar. Pido protección. Entonces me doy
cuenta de que estoy soñando. Pero me doy cuenta como idea, como noción.
Energéticamente me falta para “darme cuenta”. Hay un pasaje, escalonado,
lleno de niveles intermedios, hasta llegar al nivel de consciencia en el que
estoy plenamente consciente de que me encuentro en mi cuerpo astral o
psicosoma.
Activador: progresiva toma de consciencia a partir de una idea o duda
Me observo las manos. En una
percepción las veo nítidas y en otra las veo nubladas. Pienso en ver nítido y
borroso como una actitud mía. Entonces recuerdo la intención de probar cómo
es dejar de respirar, dado que estoy en mi psicosoma. Sigo moviendo
las manos. Es que una me duele. Por más que las reacomode, persiste una
incomodidad posicional. Pienso que la dificultad podría residir en mi cuerpo
físico. Entonces capto mi mano física, que está doblada contra el acolchado.
La acomodo, sin poder evitar despertarme.
Desactivador: percepción del cuerpo físico
Intento regresar al sueño
rememorando sus partes, pero entro a un sueño ordinario. Ingreso al
departamento, y hay tres obreros. El jefe me dice que tengo que hacer una
limpieza energética del lugar. Le pregunto si quemó palo santo. Me dice que
lo siga. Al pasar por un cruce me atraviesa una energía. El jefe sigue. Me
lleva al cuarto de la alfombra azul. Es ahí. Hay una sombra.
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