Atenuación de la eficacia

Sobre la atenuación de la eficacia de las técnicas

          Al ir avanzando en el camino de la lucidez en sueños y proyecciones suele ocurrir que, tras obtener muy buenos resultados con ciertas técnicas, experimentamos la atenuación de su eficacia. 

Esto se debe a que las técnicas no reemplazan al progreso en el desarrollo de las virtudes necesarias en el proceso espiritual. El sueño lúcido es un camino. Y, como tal, nos conduce a un sitio, en el que no hay forma de permanecer si no nos hacemos aptos. Es liviano y sutil. El peso y la densidad no son características afines.
El peso es el apego, el ego, los vicios. La liviandad son las virtudes.
Esa parte pesada no quiere despertar a la conciencia de nuestra condición. Y muchas veces creemos que no nos pertenece. Permanece en sombra para nosotros cuando nos decimos algo por el estilo de “quiero, pero no puedo; lo intento, más no lo logro”.
Hay una verdad más profunda: Queremos, pero también lo evitamos; lo intentamos pero lo impedimos. Reconocernos en ambas partes de ese conflicto interior nos acerca a nuestra integración.
Podríamos engañarnos creyendo que la fuerza que quiere despertar es la única que vale la pena, y considerar a la otra como una especie de enemigo. Es cierto que la primera, en función de su meta, parece más sabia, pero aún no aprendió a tratar a la otra parte. Quiere eliminarla en lugar de despertar a ella. Busca despertar “afuera”.
La otra parte pareciera que sólo quiere dormir. Es que desea cosas que sólo reconoce en el sueño, y teme perderlas en el estado de despierto. Y también rechaza cosas de la vigilia que cree que no figuran en sus sueños. Si descubriera que en su sueño también se encuentra eso que evita y que en la vigilia también está eso que busca...
La parte que quiere despertar suele tener tendencias nihilistas. Rechaza los contenidos y tiende a la aniquilación. Alberga la ilusión de la nada. Si pudiera aprender a “despertar adentro”, a despertar “en” los contenidos, no “de” ellos, cambiaría la naturaleza del despertar pretendido, que sería más parecido a aceptar, comprender, integrar, amar, dejar entrar la luz. Despertemos al sueño y no de él. Accedamos al sueño sin perder el conocimiento.
El Sutra del Corazón dice: “La forma es vacío, el vacío es forma. La forma no es diferente al vacío, el vacío no es diferente a la forma”. Si lo aplicamos a los sueños, comprendemos que están vacíos (de existencia inherente). Saberlo nos permite despertar de la ilusión de aferrarnos a los contenidos, a su existencia incondicionada. Pero el vacío es la forma. Ese vacío al que despertamos, no es la nada. Despertar de un sueño a otro o despertar de un sueño al mismo sueño, o a la vigilia, no hace que las formas desaparezcan. No obstante, esas formas no existen por sí mismas.
El cultivo de las virtudes: constancia, disciplina, ecuanimidad, concentración, verdad, etc., es un modo de ir llegando a ese estado en el cual nuestra conciencia se amplía y los contenidos se van enriqueciendo, y también, a medida que se enriquecen, evidencian cada vez más su carácter ilusorio. Pierden consistencia. Y junto con los contenidos lo mismo le va ocurriendo a nuestra identidad individual y sentido de separación respecto del universo.
Recapitulando, a la hora de utilizar técnicas, tomémoslas como formas de cultivar nuestras virtudes, de irnos aligerando mientras caminamos.
A efectos de volvernos aptos y poder así permanecer.
Martín Garrofe

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