¿Nada que aprender?
¿Nada que aprender?
Vuelo bajito sobre un jardín hacia un poste que indica una tumba que estoy
por descubrir. Si sigo así, le pasaré por arriba. Decido entonces ir soltando
aire para llegar a tocarlo. Pero eso no me hace descender. Entonces me doy
cuenta de que estoy soñando.
Activador: Suceso contrario al esperado desmorona
hipótesis sustitutiva de Signo de Sueño: Volar
“En los ensueños ya no tengo nada que
aprender”, pienso. En ese instante, una voz firme y sonora que dice
“¡JA!”suena detrás de mis oídos, o dentro de mi cabeza. Reacciono. Observo
mis manos para percibirlas como energía y también trato de ver a través de
ellas, sin lograr nada de eso.
Desactivador: Agotamiento de la energía
¡La hipótesis sustitutiva era que estaba nadando por el aire! Me pregunto
el propósito de su formulación. Quizás ya tenía muy acechado el
Signo de Sueño "volar” y por ello éste se había sustituido: No volaba:
nadaba. Me ocurrirían montones de casos como éste: La modificación de las
arañas en termitas, la normalización de las proporciones arquitectónicas, la
desaparición provisoria de escaleras y ascensores, etc. Es decir: La supresión
provisoria de los Signos de Sueño y Situaciones Oníricas Recurrentes acechados y
su ulterior reinstalación, una vez desactivado su poder despabilador ((3)),
atenuada su eficacia.
Un Signo de Sueño es un hecho incompatible con el plano físico (podría
decirse, más gráficamente pero con menor precisión: con la vida de vigilia).
Por ejemplo: flotar en el aire. Una Situación Onírica recurrente es un hecho
que se reitera en los sueños propios. En mi caso, por ejemplo, transitar
escaleras. Tener acechado un Signo de Sueño o una Situación Onírica Recurrente
es haber desarrollado la costumbre de preguntarse si uno está soñando o no cada
vez que esos SS o SOR ocurren. Tener acechados estos elementos me daba muy
buenos resultados al principio. Soñaba con una escalera y me preguntaba si
estaba soñando, con lo cual llegaba al Sueño Lúcido. Pero luego se
desarrollaban mecanismos de resistencia, por ejemplo, no soñar más con
escaleras. En un momento ulterior volvían las escaleras, pero parecía haberse
perdido el resultado del acecho. Soñaba con escaleras pero ya no recordaba
formularme la pregunta por la condición de conciencia.
Al despertar, me pereció inexplicable haber pensado
que no tenía ya nada que aprender en sueño lúcido, tanto como el fenómeno de
oír esa voz que parecía proceder de mi interior y tener, no obstante, un origen
externo. Me gustó definirla como “extrínseca”. Recordé la referencia de
Castaneda al “emisario de ensueños”. “Una carga de energía diferente a la
nuestra. Es una energía forastera que pretende ayudar a los ensoñadores
diciéndoles cosas. El problema con el emisario de ensueños es que únicamente
puede decirles a los brujos lo que ellos ya saben o deberían saber, si
realmente fueran brujos que valen la pena (…) El emisario no te dijo nada
nuevo. Sus aseveraciones fueron correctas, pero únicamente parecía que te
estaba revelando algo nuevo. Lo que el emisario hizo fue meramente repetirte lo
que tú ya sabías”. (El arte de ensoñar, versión electrónica) El fenómeno puede tener varias
explicaciones. Lo cierto es que, claramente, la voz, en su “JA” tenía razón.
Martín Garrofe

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