Técnica y sanación
Me enseñan técnica para permanecer lúcido y me realizan sanación
Estoy en una habitación grande, con varias mesas y tres personas sentadas en ellas. No recuerdo cómo me Percato. Les digo que probaré algo que nunca me acuerdo de intentar en sueño lúcido. Me paro y muevo las manos, dispuesto a hacerlo, pero descubro que no recuerdo qué es eso que intentaría. Entonces veo que mi hermano, que estaba durmiendo en una cama, se ha sentado. Está paralizado. El tiempo para él se detuvo y no para nosotros. Lo saludo pero no responde ni nos percibe. Me extraña su rostro diferente y observo sus anteojos, que me parecen extraños. Entonces se me ocurre experimentar apoyando las palmas contra la pared y, al pasar las manos sobre su superficie, va cambiando su textura.
Digo a los presentes: “Compañeros, alguien me podría indicar una forma para durar más tiempo en sueño lúcido?”.
Considerar a los demás soñando lúcido conmigo (o en estado de proyectados) me llevó bastante tiempo en mis prácticas. Antes siempre los creía despiertas y en su cuerpo físico.
Uno de ellos me dice que estire los dedos y luego gire la muñeca en un sentido y en el otro para hacer que los dedos vayan en un sentido y en el otro, como si fueran hebras de un trapeador. Al mismo tiempo que mueva los brazos circularmente hacia adelante abajo atrás arriba y combine eso con estirarlos. Más bien me lo muestra y lo practico con su supervisión. Contemplo con curiosidad mis dedos estirados (que se han hecho más largos obedeciendo a mi intento) y observo que salen líneas lumínicas de ellos. Le digo a uno: “se ven los rayos”. Me dice: “sí, se ve la luz”, en un tono que parece buscar bajar mi entusiasmo.
El entusiasmo siempre tiende a cortar la experiencia. Hay que permanecer centrado para poder seguir.
Pienso en elevarme porque no estoy en mi cuerpo físico, y percibo desde un lugar más elevado pero sin sentir el desplazamiento de mi cuerpo astral.
Ahora, por algún motivo, considero que tengo más características de mi cuerpo físico que antes y que es buen momento para que una mujer que está delante de mí, rubia de unos 50 años, me diga cómo estoy de salud física. Ella me comunica con el pensamiento que tengo mal el hígado.
Le pregunto si puede sanarse o está muy mal. Me mira seria, dando a entender que está difícil. Pido sanación al Espíritu invocando las alturas y recibo energía y luz desde allí.
Aparece un hombre en una camilla y una mujer, que se sobreentiende que es colega de la otra, le está practicando una sanación. La rubia me dice: “el hombre en este momento ha encarnado tus enfermedades y las están sanando. Tiene la misma contextura que vos”. Es un hombre con barba y bigote, de alrededor de 60 años.
Esta experiencia de sanación donde un hombre se acuesta en una camilla para sanar cosas de otro, en este caso yo, tiene muchísimo correlato con otra que tuve hace tiempo, donde me depositaban a mí en una camilla para sanar a otros en una clínica.
Me acerco más a mirar y la mujer que le practicaba la sanación cantando, se inclina hacia mí. Su aspecto es el de una bruja, con mirada intensa, ojos saltones y sólo dos dientes en los extremos de la boca. Me mira como escudriñándome. No le tengo miedo y le sostengo la mirada.
Estaba en ese momento muy satisfecho con no temerle, y la sentía amigable.
Me dice, sonriendo: “lo vas a lograr” y algo más que no recuerdo. Añade “es la segunda vez que entras a esta tierra”. Luego me pregunta de mis amores pasados, y le hablo. Puede ver mis emociones. Sus preguntas son más para que yo me conecte con lo que me pasa que para saberlo ella. La emoción es intensa. No recuerdo qué pasó después.
Me siento agradecido con los seres que interactuaron conmigo.
Grupo sobre sueños (para interesados en intercambiar experiencias y quizás asistir a talleres) https://www.facebook.com/groups/1702523263317385/
Otras historias: http://www.martingarrofe.com/search/label/Experiencias
Estoy en una habitación grande, con varias mesas y tres personas sentadas en ellas. No recuerdo cómo me Percato. Les digo que probaré algo que nunca me acuerdo de intentar en sueño lúcido. Me paro y muevo las manos, dispuesto a hacerlo, pero descubro que no recuerdo qué es eso que intentaría. Entonces veo que mi hermano, que estaba durmiendo en una cama, se ha sentado. Está paralizado. El tiempo para él se detuvo y no para nosotros. Lo saludo pero no responde ni nos percibe. Me extraña su rostro diferente y observo sus anteojos, que me parecen extraños. Entonces se me ocurre experimentar apoyando las palmas contra la pared y, al pasar las manos sobre su superficie, va cambiando su textura.
Digo a los presentes: “Compañeros, alguien me podría indicar una forma para durar más tiempo en sueño lúcido?”.
Considerar a los demás soñando lúcido conmigo (o en estado de proyectados) me llevó bastante tiempo en mis prácticas. Antes siempre los creía despiertas y en su cuerpo físico.
Uno de ellos me dice que estire los dedos y luego gire la muñeca en un sentido y en el otro para hacer que los dedos vayan en un sentido y en el otro, como si fueran hebras de un trapeador. Al mismo tiempo que mueva los brazos circularmente hacia adelante abajo atrás arriba y combine eso con estirarlos. Más bien me lo muestra y lo practico con su supervisión. Contemplo con curiosidad mis dedos estirados (que se han hecho más largos obedeciendo a mi intento) y observo que salen líneas lumínicas de ellos. Le digo a uno: “se ven los rayos”. Me dice: “sí, se ve la luz”, en un tono que parece buscar bajar mi entusiasmo.
El entusiasmo siempre tiende a cortar la experiencia. Hay que permanecer centrado para poder seguir.
Pienso en elevarme porque no estoy en mi cuerpo físico, y percibo desde un lugar más elevado pero sin sentir el desplazamiento de mi cuerpo astral.
Ahora, por algún motivo, considero que tengo más características de mi cuerpo físico que antes y que es buen momento para que una mujer que está delante de mí, rubia de unos 50 años, me diga cómo estoy de salud física. Ella me comunica con el pensamiento que tengo mal el hígado.
Le pregunto si puede sanarse o está muy mal. Me mira seria, dando a entender que está difícil. Pido sanación al Espíritu invocando las alturas y recibo energía y luz desde allí.
Aparece un hombre en una camilla y una mujer, que se sobreentiende que es colega de la otra, le está practicando una sanación. La rubia me dice: “el hombre en este momento ha encarnado tus enfermedades y las están sanando. Tiene la misma contextura que vos”. Es un hombre con barba y bigote, de alrededor de 60 años.
Esta experiencia de sanación donde un hombre se acuesta en una camilla para sanar cosas de otro, en este caso yo, tiene muchísimo correlato con otra que tuve hace tiempo, donde me depositaban a mí en una camilla para sanar a otros en una clínica.
Me acerco más a mirar y la mujer que le practicaba la sanación cantando, se inclina hacia mí. Su aspecto es el de una bruja, con mirada intensa, ojos saltones y sólo dos dientes en los extremos de la boca. Me mira como escudriñándome. No le tengo miedo y le sostengo la mirada.
Estaba en ese momento muy satisfecho con no temerle, y la sentía amigable.
Me dice, sonriendo: “lo vas a lograr” y algo más que no recuerdo. Añade “es la segunda vez que entras a esta tierra”. Luego me pregunta de mis amores pasados, y le hablo. Puede ver mis emociones. Sus preguntas son más para que yo me conecte con lo que me pasa que para saberlo ella. La emoción es intensa. No recuerdo qué pasó después.
Me siento agradecido con los seres que interactuaron conmigo.
Grupo sobre sueños (para interesados en intercambiar experiencias y quizás asistir a talleres) https://www.facebook.com/groups/1702523263317385/
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